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Buscan cambiar el nombre del SOP: científicos aseguran que el trastorno ha sido mal entendido durante décadas

Una propuesta impulsada por especialistas internacionales ha abierto un intenso debate en la comunidad médica y entre pacientes con Síndrome de Ovario Poliquístico, luego de que científicos plantearan sustituir el nombre tradicional de la enfermedad por uno nuevo que refleje mejor su impacto en todo el organismo.

La iniciativa, publicada en la revista científica The Lancet, propone abandonar la denominación actual debido a que consideran que el término ha llevado durante años a una comprensión incompleta del padecimiento.

Expertos señalan que el nombre “ovario poliquístico” resulta engañoso, ya que los llamados “quistes” no son realmente quistes, sino folículos inmaduros que no lograron completar el proceso de ovulación. Además, subrayan que la enfermedad no afecta únicamente al sistema reproductivo, sino que está estrechamente relacionada con alteraciones hormonales y metabólicas.

Actualmente, alrededor del 80 por ciento de las pacientes presentan resistencia a la insulina, además de un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes tipo 2, hígado graso, depresión y problemas cardiovasculares.

La nueva propuesta busca renombrar el trastorno como SOMP, siglas que pretenden reflejar su carácter metabólico y endocrino, con la intención de promover una atención médica más integral y multidisciplinaria.

Durante años, muchas pacientes han enfrentado tratamientos fragmentados dependiendo del especialista que consultan. Mientras dermatólogos atienden síntomas como acné severo o exceso de vello corporal, endocrinólogos se enfocan en el peso y ginecólogos en los problemas de fertilidad o irregularidades menstruales.

Quienes respaldan el cambio consideran que una nueva clasificación ayudaría a que médicos e instituciones comprendan mejor la complejidad de la enfermedad y destinen mayores recursos para su investigación.

Sin embargo, la propuesta también ha generado fuertes críticas. Asociaciones de pacientes y algunos investigadores consideran que el nuevo nombre podría resultar demasiado técnico y difícil de entender para quienes viven con la condición.

Colectivos como PCOS Challenge cuestionaron además la falta de participación de pacientes en la decisión, argumentando que cambiar un término ampliamente conocido por otro más complejo podría generar mayor confusión en lugar de facilitar el diagnóstico y la atención.

Pese a la controversia, especialistas aclararon que el cambio de nombre no modifica los criterios médicos actuales para diagnosticar la enfermedad, los cuales continúan basándose en alteraciones hormonales, irregularidades menstruales y estudios de imagen.

Para muchas pacientes, el verdadero reto seguirá siendo recibir una atención médica que contemple no solo los síntomas reproductivos, sino también los efectos metabólicos y emocionales asociados al trastorno.

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