México enfrenta déficit de agua subterránea: OMM alerta por agotamiento de reservas

Las reservas de agua dulce del planeta continúan disminuyendo y México figura entre las regiones donde se han detectado déficits persistentes en los niveles de agua subterránea, de acuerdo con el más reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El organismo advierte que durante 2025, prácticamente dos terceras partes de los pozos monitoreados a nivel mundial registraron niveles alejados de sus valores históricamente normales. Además, en comparación con 2024, aumentó la proporción de estaciones que presentaron condiciones deficitarias.
La OMM identificó déficits prolongados entre 2022 y 2025 en distintas regiones de América, Europa, Medio Oriente, India, África austral y Australia. En el caso de México, los niveles de agua subterránea se mantuvieron por debajo de lo normal en algunas zonas, como parte de una tendencia de desecación que se ha acumulado durante varios años.
No todo se explica por la falta de lluvias
Aunque las sequías y las condiciones de precipitación influyen en la recuperación de los acuíferos, la disminución de las aguas subterráneas también puede estar relacionada con factores como la extracción intensiva de agua, especialmente en regiones donde la demanda supera la capacidad de recuperación natural de las reservas.
La situación forma parte de un panorama mundial más amplio. Según la OMM, el almacenamiento de agua continental —que incluye aguas subterráneas, lagos, ríos, humedad del suelo, nieve y hielo— mantiene una tendencia descendente desde mediados de la década de 2010.
A esto se suma el retroceso de los glaciares. 2025 fue el cuarto año consecutivo con pérdida generalizada de masa glaciar, mientras que entre 2023 y 2025 la pérdida acumulada a escala mundial alcanzó alrededor de 1,400 gigatoneladas de agua.
La organización advierte que el deterioro de estas reservas de agua representa un desafío para la seguridad hídrica y puede generar consecuencias económicas y sociales, especialmente porque las aguas subterráneas, los glaciares y otras reservas de respuesta lenta funcionan como una especie de “cuenta de ahorro” durante los periodos de sequía.




