Terapia hormonal para la menopausia reabre el debate por su posible relación con el cáncer de mama

El uso de terapias hormonales para aliviar los síntomas de la menopausia, como los sofocos y los sudores nocturnos, ha vuelto a generar debate entre especialistas, debido al posible aumento del riesgo de cáncer de mama asociado con determinados tratamientos.
La relación entre estas terapias y el cáncer de mama ha sido estudiada durante décadas. En 2002, la Iniciativa para la Salud de la Mujer (WHI, por sus siglas en inglés) provocó preocupación al revelar que las mujeres que tomaban una combinación de estrógeno y progestina presentaban una mayor incidencia de cáncer de mama. En contraste, el tratamiento con estrógenos solos, indicado para mujeres que habían pasado por una histerectomía, no mostró el mismo riesgo.
Tras la publicación de estos resultados, las prescripciones de terapias hormonales combinadas disminuyeron considerablemente: pasaron de 18.8 millones en 2001 a 5.3 millones en 2003.
Sin embargo, en años recientes el panorama ha cambiado. Las autoridades sanitarias federales retiraron algunas advertencias de seguridad de estos medicamentos, aunque se mantiene el reconocimiento de su posible relación con el cáncer de mama y las enfermedades cardiovasculares. Además, distintas sociedades médicas han respaldado su utilización para tratar los síntomas de la menopausia.
Actualmente, los especialistas recomiendan valorar el inicio del tratamiento dentro de los primeros 10 años posteriores a la menopausia y antes de los 60 años, siempre considerando las condiciones individuales de cada paciente. También existen formulaciones más recientes que podrían estar asociadas con un menor riesgo de cáncer de mama, aunque todavía faltan estudios sólidos sobre sus efectos a largo plazo.
Garnet Anderson, científica del Centro Oncológico Fred Hutch e investigadora principal del WHI, advirtió que el posible riesgo de cáncer debe mantenerse dentro de la conversación médica y formar parte de la evaluación individual entre beneficios y efectos adversos.
Por su parte, la doctora Lisa Larkin, fundadora de Ms Medicine, señaló que muchas mujeres que necesitan tratamiento todavía no reciben terapia hormonal. Aunque su uso se ha duplicado en los últimos cinco años, menos del 4% de las mujeres la utilizan. No obstante, expresó preocupación por quienes conocen sus posibles beneficios a través de redes sociales, pero desconocen los riesgos.
Los especialistas también advierten que las mujeres con antecedentes de cáncer de mama o con un riesgo elevado de desarrollar la enfermedad generalmente deben evitar estos medicamentos. Por ello, las nuevas recomendaciones médicas contemplan evaluar los riesgos cardiovasculares y de cáncer de mama antes de iniciar el tratamiento y repetir esta valoración cada año.
¿Qué encontró el estudio sobre el riesgo de cáncer?
La investigación WHI identificó un aumento en los casos de cáncer de mama invasivo entre las mujeres que tomaban una combinación de estrógeno y progestina, en comparación con quienes recibían un placebo.
De acuerdo con la doctora JoAnn Manson, una de las investigadoras principales, se registraron aproximadamente cuatro casos por cada mil mujeres al año entre quienes recibían la terapia combinada, frente a tres casos por cada mil mujeres que no tomaban hormonas. Esto representa un incremento del 26% en el riesgo relativo.
Además, los tumores detectados en el grupo que recibió el tratamiento combinado tendían a ser ligeramente más grandes y a diagnosticarse en etapas más avanzadas. Una posible explicación es que algunas pacientes desarrollaron mayor densidad mamaria, condición que representa un factor de riesgo y puede dificultar la detección de tumores mediante una mamografía.
Los análisis posteriores realizados en 2003 y 2020 confirmaron que el aumento del riesgo se mantenía. Sin embargo, el tratamiento no se relacionó con una mayor probabilidad de morir por cáncer de mama.
La doctora Stephanie Faubion, directora médica de The Menopause Society, consideró importante dimensionar estos resultados y comparó el incremento del riesgo con otros factores como el sobrepeso, la obesidad, el consumo de alcohol y la inactividad física.
En contraste, algunos especialistas en oncología recuerdan que el uso de hormonas es uno de los factores que las mujeres pueden modificar, a diferencia de otros elementos que influyen en el desarrollo de la enfermedad.
La duración del tratamiento también importa
Los estudios sugieren que el incremento del riesgo puede comenzar después de aproximadamente tres años de tratamiento y disminuir cuando las mujeres suspenden la combinación hormonal.
La duración del uso también parece ser relevante, pues investigaciones observacionales indican que el riesgo podría aumentar cuanto más tiempo se mantenga la terapia. Sin embargo, suspenderla no siempre es sencillo, ya que los sofocos y los sudores nocturnos pueden regresar, e incluso algunas mujeres experimentan síntomas durante edades avanzadas.
Entre las alternativas actuales se encuentran los parches con estradiol, combinados con formas de progesterona distintas de la progestina sintética utilizada en el estudio WHI. Aunque estas formulaciones podrían tener algunas ventajas, todavía no existen suficientes datos para determinar su seguridad a largo plazo.
Una revisión sistemática encontró que la terapia combinada con un nuevo tipo de progesterona no aumentó el riesgo de cáncer de mama durante los primeros cinco años de uso. No obstante, los investigadores advirtieron que la evidencia disponible es limitada y que el riesgo podría cambiar con tratamientos más prolongados.
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que las mujeres deben recibir información clara sobre los beneficios y posibles riesgos de la terapia hormonal, para que las decisiones se tomen de manera individualizada y con acompañamiento médico.




